LA TIERRA
La República Dominicana comprende las dos terceras partes de la isla de Santo Domingo. Tierra tropical bañada por las aguas del Mar Caribe y del Océano Atlántico, el país mantiene una temperatura estable todo el año, de unos 26º centígrados, gracias al sople constante de los vientos alisios.
Formada por la conjunción de varias cordilleras submarinas que emergieron hace millones de años para formar el arco de las Antillas, la isla de Santo Domingo es tierra de valles y montañas cuya complejidad orográfica establece notables diferencias regionales y variados microclimas. Lo que más sorprende al viajero que transita por el interior del país es la rapidez con que se cruza de la selva húmeda a la montaña templada, o de la gran llanura costera a las sierras áridas y semidesérticas.
La República Dominicana posee una de las más completas redes de carreteras de América Latina, y apenas hay un rincón del país al que no se pueda llegar en vehículos de motor.
Estas carreteras dependen de tres ejes centrales que salen de la ciudad de Santo Domingo hacia el norte, el este y oeste. Cada uno de ellos atraviesa tres regiones completamente diversas, cada una con diferencias locales internas.
La región del Este es casi totalmente llana y está cubierta de extensos campos de caña de azúcar y de inmensas praderas en donde pasta el ganado de las haciendas tradicionales que tienen su origen en los tiempos coloniales. En los últimos años ha experimentado un intenso auge turístico gracias a la construcción de varios complejos ubicados en algunas de las playas más hermosas del país. Los centros vacacionales más importantes del Este son hoy, entre otros: Casa de Campo en La Romana; Punta Cana Beach Resort & Club, Hoteles Meliá, Hoteles Riu, Hoteles Catalonia, Uvero Alto y Club Mediterranée en Punta Cana; Club Dominicus, Hotel Coral Canoa e Iberostar Hacienda, en las vecindades de la Playa Bayahibe, con numerosas cabañas para el turismo informal.
En el norte se encuentran los grandes complejos de Playa Dorada, Sosúa y Cabarete, todos a pocos kilómetros de la ciudad de Puerto Plata, que en los últimos años se ha convertido en el principal polo turístico de la zona norte. Para llegar a Puerto Plata por carretera, el viajero debe atravesar completamente la isla pasando por las ciudades de La Vega y Santiago, que sirven de centros comerciales e industriales de la región agrícola más importante del país, el valle del Cibao.
Esta amplia llanura posee las tierras más fértiles del país y el mejor régimen de lluvias. Sus excepcionales condiciones ecológicas han convertido al Cibao en una zona densamente poblada, con un campesinado moderno y una clase media rural que sostiene el dinamismo comercial de las ciudades de la región.
El extremo oriental del valle del Cibao desemboca en la gran llanura del río Yuna y en la famosa Bahía de Samaná, de aguas tranquilas, de playas pequeñas y extensos cocotales. Puerto Plata y Samaná están unidas por excelentes carreteras que transcurren casi todo el tiempo a la orilla del mar y ofrecen el singular panorama de cientos de kilómetros de playas solitarias.
El Sureste de la República Dominicana se divide en dos regiones: la del Valle de San Juan de la Maguana, zona ganadera y arrocera encerrada entre montañas, y la de las llanuras de Azua y Enriquillo, con agricultura de plátanos y caña, principalmente. Playas desiertas y montañas áridas forman gran parte del paisaje a lo largo de la costa.
Para los amigos de las sierras, la Cordillera Central ofrece el espectáculo de diversos tipos de bosques. Forestas de pinos, selvas húmedas de hojas anchas o de helechos milenarios, bosques secos y espinosos o pastizales intramontanos. Los amantes del alpinismo encontrarán en la Cordillera Central la singular oportunidad de escalar el Pico Duarte, de 3,175 metros, el más alto de las Antillas, ubicado en un hermoso parque nacional de bosques vírgenes.
La República Dominicana, país de contrastes, tierra fragmentada, diversa, compleja.
Por: Frank Moya Pons, Historiador Dominicano |